
Alfaguara, 2007, $34
En esta segunda novela del notable escritor en que ha sabido convertirse Pablo Ramos, se retoman personajes y situaciones de su novela anterior (El origen de la tristeza, 2004) unas cuántas décadas más tarde. En la vuelta del narrador al barrio de su infancia, las amistades que quedaron en el tiempo, los lugares, los códigos, el estilo gótico del conurbano y el recuerdo retrospectivo del entretejido familiar-genealógico, Ramos encuentra una literatura potente, dura, directa, seca pero suave, que acaricia lo áspero con ternura.
El sarcasmo como única posibilidad de hacer la existencia un poco más tolerable aligera las tensiones de una trama que gana en oscuridad a partir del momento mismo en que comienza, con la muerte del padre del narrador como núcleo sobre el que se estructurará el relato. La continuidad temática respecto de la novela anterior de Ramos es un recuerdo, un guiño para el que la haya leído pero de ninguna manera un impedimento para la lectura de esta nueva novela. Ambas se conforman de manera absolutamente autónoma y los pliegues en los que se tocan son secundarios.