Título original: I am legend

Minotauro, 2005, $18
No es de extrañar que una novela como ésta llegase eventualmente a la pantalla como película norteamericana: el resumen de su trama bien podría pasar por el de una película hollywoodense promedio. Si sólo damos cuenta del hilo conductor, se puede decir, rápidamente, que es la historia de un hombre que se ha quedado solo en un mundo que una extraña epidemia dejó poblado por vampiros, con el condimento sentimental de que en las filas de los contagiados se cuentan su mujer y su hijita. Basta ingresar al texto de Matheson para empezar a sospechar que hay más que esto en juego.
“Los vampiros pertenecían a otra época, como los idilios de Summers o los melodramas de Stoker. Eran sólo un párrafo en la Enciclopedia Británica o materia prima para escritores o películas de segunda clase. Una débil leyenda que había pasado de siglo en siglo.
Bueno, era cierto”
Ese fragmento, perteneciente a la página 25, a sólo dieciséis del comienzo, ya condensa el tono general de la obra. Lo que Matheson pone en escena es un hombre solo, rubicundo, cuarentón y fuerte, que escucha sinfonías, asalta bibliotecas desiertas y se dedica a la experimentación con microscopio incluido, contra un mundo que se le vuelve totalmente ajeno. Un ser humano que de simple trabajador un poco dependiente de su mujer se va enquistando mental y espacialmente, hasta convertir su casa en un templo de los estereotipos de los sueños modernos: se dedica a todas aquellas grandes obras de cultura que supuestamente habrían de cambiar el mundo (asesinatos incluidos), para convertirse en un ser brutal, sin palabras, con mucho conocimiento técnico, con mucha desconfianza, y con muy pocas esperanzas. En todo esto se deja adivinar el eco de la Segunda Guerra, la búsqueda frenética de perfeccionar armas, de espiar al enemigo, de percibirlo como esencialmente distinto, física y mentalmente, y de convencerse de que si un ser humano pasa a convertirse en Otro, en un representante de lo diferente, hay que matarlo aunque esté vivo, aunque en mejores tiempos haya sido familiar o amigo. Es la narración del proceso mediante el cual un hombre mediocre se convierte en un asesino, con el que un lector atento se asusta de simpatizar. Porque no queda otra opción, es parte del pacto de lectura, parte del efecto que un narrador en indirecto libre constante y muy bien logrado tiende a producir.
—Guadalupe Campos