
Tamarisco, 2007, $25
Entre el lenguaje literario y el audiovisual, Urman crea esta novela buceando entre los recursos que ambos ofrecen.
Del lenguaje audiovisual tenemos la reiteración de separaciones temporales “Más tarde”, “Mientras tanto…” (que pareciera remitir al montaje paralelo), además de la sucesión de acciones intercaladas por continuas puntuaciones y minuciosas descripciones como si se tratara de un guión. Sin embargo, hay ocasiones en las que lo narrado excede a la imagen y allí se despliegan los recursos específicamente literarios como una variación pronominal que explicita el estado interior de Candelaria (la ex pareja de Ravonne): “Piensa en Roberto, todavía le cuesta creer en lo que te transformaste, mi amor… pero no te preocupes que todavía queda camino y yo me voy a encargar de que cada paso sea grandioso y, por supuesto, televisado” (Urman, 2007: 7).
Si en la pantalla primero vemos a un personaje pensativo, dubitativo, enfrentado a determinadas circunstancias y eso se refleja en sus acciones, acá podemos saber las perspectivas personales de cada uno, lo que piensan, lo que sienten, lo que sueñan. Este detalle no es para nada menor en un mundo actual donde prácticamente todo está espectacularizado, donde la pantalla parece atraparlo todo en la maraña de rayos catódicos, aunque haya, sin embargo, mucho que se le escape y que también pueda ser capturado por otra aglomeración, la del lenguaje escrito.
Incluso dentro de la novela podemos apreciar mundo ficticio, el de la de la televisión, donde actúa Candelaria y donde solía tener un famoso programa Ravonne que se convirtió en dueño de una rotisería. Pero ese mundo es excedido ampliamente por lo que sucede fuera de pantalla y en muchos casos pretende, hasta por la fuerza, ingresar en ella.
Otro punto interesante es la aparición en el interior de la novela de lo que podría entenderse como su propio principio constructivo: “Con pedazos de una historia se construye otra, distinta, aún cuando se parte de los mismo, como si la historia no fuera sino un agregado de hechos.” (Urman, 2007: 19). Precisamente las historias se van sucediendo y entrelazando a través de una matriz fundamental constituida justamente por el personaje cuyo nombre da título la novela.
Lo que las historias tienen en común se manifiesta, por ejemplo, a través de las reiteraciones. Puede tratarse de un objeto que persigue mentalmente a un personaje o puede ser una frase que se repite una gran cantidad de veces, como una notoria obsesión. También aparecen ciertas temáticas en común como las pesadillas o las mascotas de los personajes que están conectados entre sí en dos niveles, uno exterior que corresponde a sus vinculaciones con los demás, a las historias con las que se van entrelazando y otro mental, interior.
En medio de esta gran cantidad de recursos no faltará la crítica al voraz y frívolo mundo televisivo ya sea para alguien que esté inmerso y que forme parte del mismo, como Candelaria, o para un Ravonne que dejó de ser famoso pero que volverá a aparecer forzosamente en los medios.
Esta atractiva primera novela que no escatima en complejidades le augura a Julián Urman un futuro más que promisorio.
—María Virginia Gallo